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ING. JULIO MENDIETA B.

CRECIMIENTO IMPARABLE DE CHINA

CRECIMIENTO IMPARABLE DE CHINA

La oferta china toma fuerza en el mercado ecuatoriano con la introducción de productos de mayor valor agregado. China es el cuarto proveedor del Ecuador  En los últimos cuatro años las importaciones ecuatorianas desde China prácticamente se cuadruplicaron. Mientras que en 2003 alcanzaron cerca de 270 millones de dólares, el año pasado ya bordeaban los 990 millones. Este monto representa casi el ocho por ciento del total de las importaciones ecuatorianas y aunque parezca mínimo, no luce así al compararlo con los tres mayores proveedores de Ecuador: Estados Unidos tuvo una participación del 20,8 por ciento, Colombia 11,4 por ciento y Venezuela 9,8 por ciento. China ocupa el cuarto lugar y todo parece indicar que el gigante asiático continuará su ascenso.Hace 10 años los rubros procedentes de China que mayor acogida tenían en el país eran los artículos de bazar, bicicletas, juguetes y vestimenta. En 2007 lo que más vendió China al Ecuador fueron las denominadas autopropulsadas (máquinas de camino) por 38 millones de dólares, seguidas por partes y piezas para todo tipo de vehículo que sumaron 35 millones, los televisores y radios 17 millones, equipos de enfriamiento 10 millones y similar valor los hornos.Eduardo Doumet, director comercial de almacenes Juan Eljuri, considera que la aceptación de los productos chinos en el mercado nacional se debe a que China está invirtiendo en el desarrollo de su propia tecnología para competir con las marcas de las multinacionales.El dragón evolucionaLos dos primeros segmentos en la lista se relacionan con el boom automotriz. Según reporte de la Asociación de Empresas Automotrices del Ecuador (AEADE), en 2006 se vendieron 84.505 vehículos, un nuevo récord para el sector.Precisamente ese es el segmento al que apunta Imveresa, filial de Corporación Quezada, que vende camiones, carros todo terreno y motos de la marca QMC. Todos de origen chino con motor japonés.Weldyn Quezada, gerente general de Imveresa, cuenta que el ingreso de la marca en el mercado ecuatoriano en 2006 no fue fácil. “Un país como el nuestro no daba cobertura a que ingrese una nueva marca”.Pero, sostiene que la diferencia de precios entre un automotor con una marca con largos años en el mercado y uno chino, con características similares, es de hasta el 30 por ciento. Hoy circulan más de mil camiones y 400 vehículos todo terreno de la marca que preside. Dada la gran acogida del segmento de vehículos pesados, próximamente abrirá en Durán un taller para camiones.Otra empresa que apostó por la comercialización de artículos chinos es Máquinas y Suministros (Maqsum). Empezó con la venta de artículos de ferretería traídos de Japón y Taiwán, en un terreno de 150 metros cuadrados. En la búsqueda de nuevos mercados comenzó a importar de China. Ahora es mayorista de repuestos de carros, ferreterías industriales, artículos para el hogar y equipos camineros. El 95 por ciento de su mercadería es china y en 2006 sus ventas fueron superiores a los cuatro millones de dólares.Los equipos chinos de radiodifusión y electrodomésticos también se posicionan. Es así que en Corporación Quezada quien lleva la batuta en ventas es Qicsa, que se dedica a la comercialización de línea blanca, así como audio y video, y en el año 2006 facturó más de 20 millones de dólares.Una de sus marcas más recordadas es posiblemente Prima, que entró al mercado ecuatoriano en el 2000.El desafío de la garantíaEduardo Doumet afirma que en ocasiones las marcas chinas vienen con garantías muy básicas y es el importador local el que tiene que encargarse de crear el servicio posventa con un completo stock de repuestos.En algunas casas comerciales el tiempo de garantía es proporcional al costo de los artículos, independientemente de su procedencia; sin embargo otras brindan igual garantía para las diferentes marcas de cada artículo.Vicente Wong, presidente de la Cámara de Comercio Ecuatoriano China, asegura que China tiene productos de alta, mediana y baja calidad, y Ecuador estaría importando los dos primeros tipos. “Hay que tener tranquilidad porque si las mismas trasnacionales van a China con su tecnología, el producto que viene a Ecuador es de óptima calidad” enfatiza Wong.Lo amarillo gana terrenoEl fenómeno chino no solo ha abierto la gama de ofertas en el país, sino que a decir de la Cámara posibilita nuevos negocios, como el ensamblaje de productos que utilizan materia prima procedente de China, como papel kraft para la fabricación de cajas de cartón para la exportación de banano, o los llamados CKD, que son piezas para vehículos en general. “Hay que verlos como una forma de reducir costos, no como que nos vienen a quitar trabajo”, sostiene Vicente Wong al destacar las inversiones que atrae este segmento.La economista y catedrática de la Universidad Politécnica, Viviana Villafuerte, cree que se debe fortalecer la industria nacional. “Volverla más eficiente a través de la reducción de costos, adquisición de nueva tecnología, mejores prácticas empresariales y fomento a la re-inversión de capital” manifestó.Si bien lo chino permite a los ecuatorianos adquirir artículos más económicos y fomenta la competitividad de la industria, el panorama no luce muy alentador para el país. El año pasado Ecuador le vendió a China productos por un total cercano a los 54 millones de dólares –principalmente consistieron en desechos de metales y crudo de petróleo–. Lo que nos deja un déficit de 935 millones de dólares.  

CHINA DEMANDA MAS ALIMENTOS

Los costos se incrementan por el auge de cultivos  destinados a  biocombustibles, sequías, inundaciones, mayor consumo en China e India por una mejora en el nivel de vida y por el alto precio del petróleo.

Protestas en Bolivia, Filipinas, Senegal, Haití o  Egipto, medidas desesperadas como los subsidios, prohibición de exportaciones o más impuestos,  escasez de pan, arroz y leche y el alza  de precios, son las variadas caras de la crisis alimentaria que vive el mundo.

Entre las razones para ese incremento está el uso de una mayor extensión de tierra para maíz, palma, caña de azúcar y otros productos que originan biocombustibles.

Asimismo, la subida del precio del petróleo y la mejora en el nivel de vida de los habitantes de países con economías emergentes como China e India, con millones que han mejorado su dieta y consumen más alimentos.

También el cambio climático influye, con sequías e inundaciones en países que son grandes productores de trigo como Australia o Ucrania.
Y a estos factores se suman 78,5 millones de niños que se estima aumentarán este año la población de la Tierra.

La directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas, Josette Sheeran, advirtió a fines del año pasado que el alza de los precios de los alimentos provocó un déficit de $ 500 millones, lo que limita las raciones y disminuye el número de personas que reciben ayuda.

El PMA alimenta a 73 millones de personas en 81 países, que, sin embargo, representan tan solo el 10% de los desnutridos del mundo.
Pero Sheeran explicó que las reservas mundiales del programa están en sus niveles más bajos en 30 años, con apenas 53 días de reservas para emergencias.

“Es la nueva cara del hambre. Hay comida en los supermercados pero la gente no puede comprarla. Hay vulnerabilidad en áreas urbanas que no habíamos visto antes y revueltas en países en los que jamás se habían producido”, alertó en Bruselas.

 Agregó que el alto costo de los alimentos y la consecuente inflación continuarán al menos hasta el 2010 y que con ello se fomentarán el hambre mundial y la anarquía en las calles de las naciones más pobres”.

Sheeran explicó al diario británico  Financial Times que las familias en países en desarrollo están pasando de hacer tres comidas al día a tan solo una, abandona dietas diversas para consumir alimentos básicos.
También se afectan costumbres culinarias ancestrales como las tortillas de maíz en México o los fideos en Italia.

Analistas señalan incluso que los alimentos caros son parcialmente responsables en cambios políticos como los de Cuba, donde el incremento de las importaciones de alimentos y la caída en la producción de azúcar, tabaco, café y cítricos llevaron al presidente, Raúl Castro, a iniciar una reforma de la agricultura con reparto de tierras y venta liberada de productos agrícolas, antes impensables en el régimen comunista de la isla.

Jacques Diouf, director de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ha advertido que se “amenaza la seguridad alimentaria de millones de personas, en particular a los países más pobres del mundo”.

Concepción Calpe, la economista en jefe de la FAO, señala: “No es un fenómeno breve. Pensamos que se van a mantener los precios altos por lo menos otros diez años”. Igual opina la directora ejecutiva adjunta del PMA, Susana Malcorra, quien afirma que los precios de los alimentos a nivel mundial crecieron el 55% desde junio del año pasado y que nadie duda que no bajarán.

Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial (BM), resaltó esta semana que es necesario un nuevo acuerdo sobre política alimentaria mundial, pues 33 países están amenazados por la desestabilización política y desórdenes sociales, debido a la enorme alza de los precios de los alimentos y la energía. En América Latina menciona a Panamá, donde fracasó un programa de subsidios a los alimentos.

Asimismo, la Asamblea General de las Naciones Unidas advirtió que cada vez es más posible que se incumplan los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y se pierda la apuesta de reducir la pobreza extrema del mundo a la mitad antes del 2015, por las devastadoras consecuencias para los más pobres, del exorbitante aumento mundial del precio de los alimentos.

LOS CHINOS QUIEREN VIVIR COMO LOS AMERICANOS

La columnista china Xinran, autora del libro ¿Qué no comen los chinos?, dice que la “lactificación” de China se puede deber a que los antiguos campesinos –en especial los menos educados– aspiran a seguir modos de vida occidentales.

Asegura que el simple hecho de que está aumentando la disponibilidad de la carne y la leche, en medio de una prosperidad creciente después de un largo periodo de escasez, significa que los patrones de consumo de los chinos cambiarán.

“Hasta que China se abrió al mundo, sus ciudadanos no tenían la más remota idea de los estándares occidentales”, dice.

“Es por eso que en los años ochenta mucha gente creía que las hamburguesas de McDonald’s eran la mejor comida occidental.

Creen que los occidentales viven mejor porque comen carne y beben leche, y que los blancos y los negros (en Occidente) son más fuertes”, añade.

Jim Begg, director de la organización Dairy UK, señala que “es algo real.
Los mercados mundiales, los mercados de materias primas, atraviesan un periodo de auge impulsado por la demanda de China”, donde el Gobierno está fomentando un plan para estimular el consumo de productos lácteos por parte de los niños en edad escolar.

LA PAPA UN TESORO AMERICANO QUE LLEGA A CHINA

El 2008 ha sido declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Papa.

Pamela Anderson, directora del Centro Internacional de la Papa, resalta que junto con el arroz y el trigo, la papa es uno de los cultivos más importantes en la alimentación mundial y puede ayudar a reducir el hambre y la pobreza en el mundo.

Anualmente se producen 315 millones de toneladas de papa en el mundo. Desde el punto de vista del cambio climático, es resistente a las sequías y rinde mucho: entre el 80% y 90% de lo que se cosecha de una planta de papa es comestible.

Una papa de 100 gramos no tiene grasa y posee solo unas 100 calorías. Tiene la mitad de la dosis de vitamina C que uno debe tomar al día, además de hierro, zinc, vitamina B y buena calidad de proteínas.

En América Latina, en la región andina de donde es originaria, hay 5.000 diferentes tipos de papas nativas.

China no solo es el mayor productor mundial de papa, sino el de más consumo. Al sur, en las montañas de la provincia de Hunan, hay comunidades que comen papa tres veces al día, como en los Andes, y en los planes de los últimos cinco años, los chinos identificaron a la papa como el cultivo que les ayudará a reducir la pobreza.

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