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ING. JULIO MENDIETA B.

SITUACION DEL ABORTO DR. PLUTARCO NARANJO

Las estadísticas sobre el aborto en Latinoamérica revelan que la muerte materna por esta causa es del 18%. Mientras los fallecimientos por otras causas tienden a disminuir, la muerte por abortos inseguros, es decir, provocados y sin asistencia médica, siguen en aumento. En nuestro continente se contabilizan más de 3.000 muertes anuales por partos inseguros. Del total de estos, el 15% corresponden a adolescentes de 15 a 19 años de edad, y más del 50% a las mayores de 20 años, vale decir, a mujeres en la flor de la vida.

En México, alrededor de 140.000 mujeres son hospitalizadas cada año por aborto inseguro o incompleto.

Según la legislación de cada país, el aborto es permitido en Cuba, Guayana y Puerto Rico; prohibido en Haití y República Dominicana y permitido con ciertas limitaciones en el resto de América Latina.

Tres mil muertes de madres adolescentes o jóvenes, solamente en nuestros países, es un problema lacerante, con la circunstancia lamentable de que también muere el embrión.

¿Cómo evitar tan alta mortalidad materna? Muy difícil. El aborto inseguro ocurre, en la gran mayoría de casos, por embarazos no deseados. ¿Cómo evitarlos? Estos embarazos se deben, en alto porcentaje, a relaciones sexuales precoces o a la falta o falla de métodos anticonceptivos. ¿Qué hacer entonces?

La abstinencia preconizada por la Iglesia, en la práctica, no resulta efectiva ni entre los miembros del clero, peor entre las jóvenes. Las prohibiciones legales, muy lejos de impedirla, estimulan la práctica del aborto secreto o clandestino, práctica de la que ni siquiera los padres de la joven están muchas veces al tanto. Son abortos provocados por métodos empíricos y tan riesgosos que conducen a la muerte. Y otros factores se sobreañaden al complejo problema, entre ellos los debidos a condiciones económicas, sociales, culturales y biológicas.

En nuestro país, en la Costa, las jóvenes tienen su primera menstruación entre los 10 y 12 años de edad; en la Sierra, en promedio, 2 a 3 años después, y algo semejante sucede con los varones en cuanto a su madurez hormonal o sexual, que ocurre de 2 a 3 años luego de las mujeres. En épocas pasadas el matrimonio se producía, en alto número, cuando el varón llegaba a los 18 a 20 años de edad, esto es, cuando había terminado la educación primaria o secundaria y era ya ciudadano. Hoy, excepto en zonas campesinas e indígenas, el matrimonio es tardío, a los 25 o más años de edad, lo cual implica un largo periodo en que el deseo y la atracción sexual se vuelven incontenibles, más aún cuando el entorno social y cultural, saturado por afanes comerciales, nos inunda con propaganda dirigida al sexo. Revistas, periódicos, televisión, cine, internet y hasta los celulares, presentan hoy en día diluvios de imágenes sensuales, eróticas y pornográficas. En medio de todo esto, ¿cómo alcanzar la abstinencia? En la actualidad hay centenares de miles de jóvenes en las universidades, pero muy pocos están en condiciones económicas como para casarse. No menos relevante es considerar que vivimos la época de la liberación femenina.

En todo caso, valga mencionar que en Estados Unidos y algunos países europeos, donde el uso de medios anticonceptivos es muy popular, los abortos provocados han disminuido grandemente con la consecuencia obvia y esperada: una escasa mortalidad materna.

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El feto también siente dolor: es una persona

“Un feto puede sentir dolor antes de nacer”. Es una de las contribuciones aportadas a través de las técnicas de ultrasonido que reconoce, como reacciona el feto a estímulos concretos, según Giuseppe Buonocore y Carlo Bellieni de la Universidad de Siena.

La matriz es un lugar preservado, pero no bloqueado, el tacto es la primera lucidez que la criatura, ya persona, despliega. Asimismo los lozanamente germinados tienen memoria funcional, retienen buqués y aromas recibidos en el útero de la mujer en estado de buena esperanza. El no nacido también percibe las eufonías, abarcando el griterío de la mamá e inclusive, escrutan las melodías que la madre oía durante la gestación.

Anand, educador en la Universidad de Arkansas para las Ciencias Médicas, expresaba al New York Times, que los fetos pueden percibir el padecimiento desde la semana 20 del estado de gravidez.

Sin embargo, es arduo para los valedores del malparto, aceptar que un feto perciba el sufrimiento, lo que manifiesta lo errados que están, al oponerse al no nacido y negarle la oportunidad de existir.

"Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo ser humano", afirma el Catecismo de la Iglesia Católica.

Reconocer que el feto puede sentir dolor es un paso definitivo, para su reconocimiento como persona.